—No siento el ataque—profirió al cabo de un momento;—lo único que deploro es que está escrito sin gracia alguna.

—No lo he escrito para que le hiciese gracia á usted—respondí—sino al público.

—Pues se ha equivocado usted, porque al público tampoco le hace gracia.

—Será á sus amigos: á sus enemigos les ha hecho destornillarse de risa.

La conversación siguió en este tono algunos momentos y al cabo el insigne crítico se alejó con sonrisa amenazadora, diciendo:

—¡Nos encontraremos!

Por desgracia para él y para las letras patrias no pudo saciar su venganza. Poco tiempo después le acometió una enfermedad cerebral á la cual sucumbió.

[11] «Genio», en la acepción que aquí le damos, es un neologismo que debe admitirse, pues en ocasiones como la presente, no hay vocablo castellano con que pueda ser sustituído.