Torna y vuelve á arremeter con creciente denuedo. ¡Quién resiste al diluvio de estos golpes! Huyamos. ¿Tendrá al menos un tendón vulnerable como Aquiles?
Quizá, y á buscarlo se aplican con ahinco varios campeones.
Muchos años hace que el caballero viene ejercitando su valor y bizarría en estas contiendas, y la experiencia no le ha enseñado á preparar traidoras emboscadas ni á tejer insidiosas asechanzas. Lucha con bravura, pero siempre de frente y alzada la visera.
Como la pitonisa que asciende sobre el trípode, y al recibir en su frente los vapores pestilentes de la cisterna, siente el fuego de misteriosa llama, y se agita y se retuerce presa de fatal impulso, así el Sr. Moreno Nieto, subiendo á la tribuna y al aspirar los húmedos vapores de la pelea, se ve poseído de un calor desconocido que forja sin cesar pensamientos cada vez más luminosos y frases cada vez más hermosas. El alma sube entonces á los ojos y quiere salir al exterior.
El orador vive para leer, como la sibila, los secretos inextricables del porvenir, y llora también con sublime emoción sobre las ruinas poéticas del pasado. Espíritu generoso, escruta con ansia los lazos invisibles que unen las aspiraciones del presente con la historia, y los presenta á nuestros ojos con vigorosa elocuencia.
Algunas veces se vislumbra que su alma, poseída de espanto ante las recias y fragosas contiendas del pensamiento filosófico, se aferra con más ansia que absoluta convicción á una creencia. Esto, no puedo menos de confesarlo, me inspira hacia él profunda simpatía. Los dolores que sufre nuestro cuerpo son tan crueles, que nos hacen exhalar agudos gritos. Pero ¿qué me decís de esas luchas invisibles en que el alma se tortura y se abrasa día y noche, latiendo sin cesar dentro del pecho como si albergáramos en él pequeña bestia? ¿No veis con qué ardor lima ese cautivo las rejas de su cárcel? ¿No le veis caer rendido y jadeante, con el llanto y la angustia en los ojos? ¡Qué cosas tan tristes volarán por su pensamiento! Respetemos este dolor y amemos á los hombres que trabajan por abrirnos las puertas del infinito.
Dicen que los árabes, forzados en sus largos paseos por el desierto á un ayuno continuado de palabras, si la ocasión se presenta, saben darse harturas más que regulares de plática. El Sr. Moreno Nieto, después de peregrinar largamente de un cabo á otro de la Biblioteca durante varios días, se dirige á la sección, y con tal apetito entra en el debate, que no le bastan para saciarlo varias horas. Nos hace recorrer con velocidad que causa vértigo todo el panorama de las cuestiones vitales, y saltando de astro en astro, visitamos en corto tiempo todos los puntos luminosos que brillan en el cielo del pensamiento. ¿Quién se atreverá á censurar las metamórfosis de sus ideas? ¿Por acaso no hay hermosuras en todos los parajes del camino recorrido? ¿No hay también en todos ellos indignidades y torpezas? Son muchas las flores de donde su inteligencia podrá extraer la miel sabrosa. Mucho también es el cieno donde sus alas corren peligro de mancharse. Si la humanidad muda diariamente de creencias y opiniones, ¡qué podrá ser la individual firmeza!
Jamás emplea la chanza ó la burla para atacar las doctrinas que tiene enfrente. Cuando es objeto de ellas, su indignación sube de punto y se irrita y exaspera, pero la rabia de que se siente poseído á nadie infunde pavor ni miedo. Tiene un dejo de infantil inocencia que la hace simpática más que repugnante.
El conocimiento que del auditorio tiene es, si la paradoja valiera, inconsciente; sabe apreciar en globo los efectos, pero no llega su penetración á graduar los últimos registros. El período sale terso casi siempre, pero el ímpetu que trae lo prolonga á menudo más de lo conveniente, rebajando un poco su belleza.
Aunque la palabra es fogosa y la entonación acalorada, apenas se vale de imágenes para expresar su pensamiento. Cuando las emplea, son animadas y del mejor gusto.