Imp. Helénica. Pasaje de la Alhambra, 3. Madrid.


ÍNDICE

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[I].—El dueño de la finca
[II].—Felices esposos
[III].—¡Quieto, Fidel!
[IV].—Una Visita y otras visitas
[V].—Lo que dicen las abejas
[VI].—La familia de Tristán
[VII].—Sus amigos
[VIII].—Un buen día que concluye mal
[IX].—Un tropezón de Gustavo Núñez y otro de su amigo Tristán
[X].—Una noche de novios
[XI].—El estreno de una obra de carácter
[XII].—La novena sinfonía
[XIII].—Vida literaria
[XIV].—Un descubrimiento del paisano Barragán
[XV].—El paisano Barragán comercia con los espíritus y luego con los cuerpos
[XVI].—¡Corazón, arriba!
[XVII].—La boda de Araceli
[XVIII].—La flecha del desterrado
[XIX].—Fieros desengaños de Tristán
[XX].—Consecuencias de unos celos
[XXI].—La maldición
[XXII].—Hacia otro mundo

I

EL DUEÑO DE LA FINCA

Un bando prodigiosamente grande de palomas vino a posarse sobre el tejado de la casa. Este quedó blanco como si una copiosa nevada hubiese caído sobre él. Las palomas todas, sin fallar una, eran blancas. En la pared enjalbegada de la casa, encima del amplio corredor con rejas de madera se abría un ventanillo que daba acceso al palomar. Las palomas ni por un instante soñaron con acercarse a él; ninguna intentó siquiera ponerse sobre la tabla que, a guisa de recibimiento, tenía delante. El día era demasiado espléndido para meterse en casa; un día tibio y claro de primavera en Castilla.

Por el ventanillo del palomar, con toda precaución y cuidado, asomó el rostro un hombre; un rostro atezado, varonil, de bigote gris. Giró sus ojos recelosos, inspeccionó minuciosamente los contornos y se retiró en seguida; volvió a asomarse y otra vez se retiró, como si espiase la llegada de un ladrón.