—Muy bien expresado está todo eso, dijo el barón, moviendo satisfecho su calva cabeza. Y ahora, Roger, si algo quieres escribir á tus parientes de Inglaterra, lo enviaré con el mismo mensajero que ha de llevar mis cartas.
—No tengo parientes, señor, dijo Roger tristemente. Mi hermano es el único....
—Sí, recuerdo cómo os separasteis y te aseguro que no pierdes mucho. Pero ya que no personas de tu misma sangre ¿no tienes allá alguien que te sea querido?
—Oh, sí, replicó el joven, suspirando.
—Vamos, ya veo. ¿Es hermosa?
—Bellísima.
—¿Buena?
—Como un ángel.
—¿Y no te ama?
—No puedo decir que ame á otro.