¿Un buen matrimonio?...
Encendió un cigarro y fue a asomarse a la ventana que daba a la playa.
La partida estaba en su pleno y los «Play», «Ready» que se cruzaban entre los jugadores llegaban a su oído llevados por la brisa marina.
Hasta distinguía el duro acento anglosajón y las notas argentinas de Blanca cuando se reía de alguna jugada torpe.
Aquella chiquilla tenía la culpa de todo...
Buena muchacha en suma, llena de delicadeza y de corazón, lejos de rehusar nada al que ella consideraría siempre como su hermano mayor, sería la primera en decirle:
—Repartámonos la fortuna.
Pero su dignidad no podía consentir...
¿Con qué título?
Un primo no es un hermano ni un marido...