Gané luego amigos: que con el saber se ganan los verdaderos. Entre todos, el capitán de la nave de superior se me hizo confidente: favor que yo estimé mucho, celebrando por verdadero aquel dicho común, que con la mudanza del lugar se muda también de fortuna.
Mas aquí has de admirar un prodigio del humano engaño, un extremo de mal proceder; aquí la porfía de una contraria fortuna y á dónde llegaron mis desdichas. Este capitán y caballero, obligado por todas partes á bienproceder, maleado de la ambición, llevado del parentesco con el virrey mi enemigo y sobornado, á lo que yo más creo, de la codicia vil de mi plata y mis alhajas, reliquias de aquella antigua grandeza (mas ¿á qué no incitará los humanos pechos la execrable sed del oro?), resolvióse á ejecutar la más civil bajeza que se ha oído.
Estando solos una noche en uno de los corredores de popa, gozando de la conversación y marea, dió conmigo, tan descuidado como confiado, en aquel profundo de abismos. Comenzó él mismo á dar voces, para hacer desgracia la traición y aun llorarme, no arrojado, sino caído. Al ruido y á las voces acudieron mis amigos, ansiosos por ayudarme, echando cables y sogas; pero en vano, porque en un instante pasó mucho mar el navío, que volaba, dejándome á mí luchando con las olas y con una dos veces amarga muerte. Arrojáronme algunas tablas, por último remedio y fué una de ellas sagrada áncora, que las mismas olas, lastimadas de mi inocencia y desdicha, me la ofrecieron entre las manos. Asíla tan agradecido, cuan desesperado y besándola la dije: ¡Oh, despojo último de mi fortuna! Leve apoyo de mi vida, refugio de mi última esperanza: ¡serás siquiera un breve ínterin de mi muerte!
Desconfiado de poder seguir el navío fugitivo, me dejé llevar de las olas al albedrío de mi desesperada fortuna. Tirana ella una y mil veces, aún no contenta de tenerme en tal punto de desdichas, echando el resto á su fiereza, conjuró contra mí los elementos en una horrible tormenta, para acabarme con toda solemnidad de desventuras. Ya me arrojaban tan alto las olas, que tal vez temí quedar enganchado en alguna de las puntas de la luna ó estrellado en aquel cielo. Hundíame luego tan en el centro de los abismos, que llegué á temer más el incendio, que el ahogo.
¡Mas ay! que lo que yo lamentaba rigores, fueron favores: que á veces llegan tan á los extremos los males, que pasan á ser dichas. Dígolo porque la misma furia de la tempestad y corriente de las aguas me arrojaron en pocas horas á vista de aquella pequeña isla, tu patria y para mí gran cielo, que de otro modo fuera imposible poder llegar á ella, quedando en medio de aquellos mares rendido de hambre y hartando las marinas fieras. En el mal estuvo el bien. Aquí, ayudándome más el ánimo, que las fuerzas, llegué á tomar puerto en esos brazos tuyos, que otra vez y otras mil quiero enlazar, confirmando nuestra amistad en eterna.
De esta suerte dió fin Critilo á su relación, abrazándose entrambos, renovando aquella primera fruición y experimentando una secreta simpatía de amor y de contento. Emplearon lo restante de su navegación en provechosos ejercicios. Las nobles
artes. Porque á más de la agradable conversación, que toda era una bienproseguida enseñanza, le dió noticias de todo el mundo y conocimiento de aquellas artes, que más realzan el ánimo y le enriquecen, como la gustosa historia, la cosmografía, la esfera, la erudición y la que hace personas, la moral filosofía. En lo que puso Andrenio especial estudio fué en aprender lenguas, la latina, eterna tesorera de la sabiduría, la española, tan universal como su imperio, la francesa erudita y la italiana elocuente, ya para lograr los muchos tesoros que en ellas están escritos, ya para la necesidad de hablarlas y entenderlas en su jornada del mundo.
Era tanta la curiosidad de Andrenio, como su docilidad y así siempre estaba confiriendo y preguntando de las provincias, repúblicas, reinos y ciudades; de sus reyes, gobiernos y naciones; siempre informándose, filosofando y discurriendo, con tanta fruición, como novedad, deseando llegar á la perfección de noticias y de prendas. Con tan gustosa ocupación no se sintieron las penalidades de un viaje tan penoso y al tiempo acostumbrado aportaron á este nuevo mundo. En qué parte y lo que en él les sucedió nos lo ofrece referir la Crisi siguiente.
CRISI V
Entrada del mundo.