Sin duda que su nombre fué su definición, llamándose Germania, a germinando, la que todo lo produce y engendra, siendo fecunda madre de vivientes y de víveres y de todo cuanto se puede imaginar para la vida humana.

Sí, replico Critilo, mucho de extensión y nada de intención, mucha cantidad y poca calidad.

He, que no es una provincia sola, proseguía Andrenio; sino muchas, que hacen una. Porque, si bien se nota, cada potentado es casi un casi rey y cada ciudad una corte, cada casa un palacio, cada castillo una ciudadela y toda ella un compuesto de populosas ciudades, ilustres cortes, suntuosos templos, hermosos edificios y inexpugnables fortalezas.

Eso mismo hallo yo, dijo Critilo, que la ocasiona su mayor ruina y su total perdición. Porque cuantos más potentados, más cabezas; cuantas más cabezas, más caprichos; y cuantos más caprichos, más disensiones. Y, como dijo Horacio, lo que los príncipes deliran, los vasallos lo suspiran.

No me puedes negar, dijo Andrenio, su abundancia y su opulencia. Mira qué abastecida de todo, que si dicen España la rica, Italia la noble, también Alemania la harta. ¡Qué abundante de granos, de ganados, pescas, cazas, frutos y frutas! ¡Qué rica de minerales! ¡Qué vestida de arboledas! ¡Qué adornada de bosques, hermoseada de prados! ¡Qué surcada de caudalosos ríos y todos navegables! De tal suerte, que tiene más ríos Alemania que las otras provincias arroyos, más lagos que las otras fuentes, más palacios que las otras casas y más cortes que las otras ciudades.

Así es, dijo Critilo, yo lo confieso; mas en eso mismo hallo yo su destruición y que su misma abundancia la arruina, pues no hace otro que ministrar leña al fuego de sus continuas guerras, en que se abrasa, sustentando contra sí muchos y numerosos ejércitos, lo que no pueden otras provincias, especialmente España, que no sufre ancas.

Pero viniendo ya á sus bellos habitadores, dijo el Acertador, ¿cómo quedais con los alemanes?

Yo muy bien, dijo Andrenio. Hanme parecido muy lindamente, son de mi genio, engáñanse las demás naciones en llamar á los alemanes los animales y me atrevo á decir que son los mas grandes hombres de la Europa.

Sí, dijo Critilo; pero no los mayores.

Tiene dos cuerpos de un español cada alemán.