Nada altivos.
¡Qué rubios!
Hasta en la boca.
¡Qué fuerzas las suyas!
Mas sin bríos. Son de cuerpos gigantes y de almas enanas; son moderados en el vestir, no así en el comer; son parcos en el regalo de sus camas y menaje de sus casas, pero destemplados en el beber.
Hé, que ése en ellos no es vicio; sino necesidad. ¿Qué había de hacer un corpacho de un alemán sin vino? Fuera un cuerpo sin alma: él les dá alma y vida. Hablan la lengua más antigua de todas.
Y la más bárbara también.
Son curiosos de ver mundo.
Y si no, no serían dél.
Hay grandes artífices.