Así es, dijo Lucindo: que ésta ya es pelea de personas. Sabed que, cuando todo va de vencida, salen de refresco estos monstruos de la altivez, tan llenos de presunción, que hacen desvanecer todos los triunfos de la vida. Pero no hay que desconfiar de la vitoria: que no han de faltar estratagemas para vencerlos. Advertid que de los mayores gigantes triunfan los enanos y de los mayores los pequeños, los menores y aun los mínimos. El modo de hacer la guerra ha de ser muy al revés de lo que se piensa. Triunfo
de la humildad.
Aquí no vale el hacer piernas ni querer hombrear. No se trate de hacer del hombre; sino humillarse y encogerse y, cuando ellos estuvieren más arrogantes amenazando al cielo, entonces nosotros transformados en gusanos y cosidos con la tierra hemos de entrar por entre pies, que así han entrado los mayores adalides.

Ejecutáronlo tan felizmente, que sin saber cómo ni por dónde, sin ser vistos ni oídos, se hallaron dentro del encantado palacio, con realidades de un cielo.

Apenas, digo á glorias, estuvieron dentro, cuando sintieron embargar todos sus sentidos de bellísimos empleos en folla de fruición, confortando el corazón y elevando los espíritus. Embistióles lo primero una tan suave marea, exhalando inundaciones de fragancia, que pareció haberse rasgado de par en par los camarines de la primavera, las estancias de Flora, ó que se había abierto brecha en el paraíso. Oyóse una dulcísima armonía, alternada de voces é instrumentos, que pudiera suspender la celestial por media hora. Pero, ¡oh cosa estraña! que no se veía quién gorjeaba ni quién tañía: con ninguno topaban, nadie descubrían.

Bien parece encantado este palacio, dijo Critilo. Sin duda que aquí todos son espíritus, pues no se parecen cuerpos. ¿Dónde estará esta celestial reina?

Siquiera, decía Andrenio, permitiérasenos alguna de sus muchas bellísimas doncellas. Hallazgo
de las virtudes.
¿Dónde estás?, ¡oh, justicia! dijo en grito, y respondióle al punto Eco vaticinante desde un escollo de flores:

En la casa ajena.

¿Y la verdad?

Con los niños.

¿La castidad?

Huyendo.