De la Virtud
á la Honra.

Ya estáis en salvo, les dijo. Dicha de pocos lograda, pues visteis caer mil á vuestro lado y diez mil á vuestra diestra. Seguid ese camino, sin torcer á un lado ni á otro; aunque un ángel os dijese lo contrario, que él os llevará al palacio de la hermosa Virtelia, aquella gran reina de las felicidades. Presto le divisaréis encumbrado en las coronillas de los montes. Porfiad en el ascenso; aunque sea con violencias: que de los valientes es la corona. Fin premiado. Y aunque sea áspera la subida, no desmayéis, poniendo siempre la mira en el fin premiado.

Despidióse con mucho agrado echándoles los brazos. Volvióse á pasar de la otra parte y al mismo punto levantaron la puente.

¡Oh!, dijo Critilo: ¡qué cortos hemos andado en no preguntarla quién era! ¿Es posible que no hayamos conocido una tan gran bienhechora?

Aún estamos á tiempo, dijo Andrenio: que aún no la habemos perdido ni de vista ni de oída.

Diéronla voces y ella volvió un cielo en su cara y dos soles en un cielo, esparciendo favorables influencias.

Perdona, señora, dijo Critilo, nuestra inadvertencia, no grosería, y así te favorezca tu reina más que á todas, que nos digas quién eres.

Aquí ella sonriéndose: No lo queráis saber, dijo, que os pesará.

Pero ellos más deseosos con esto, porfiaron en saberlo y así les dijo:

Yo soy la hija mayor de la Fortuna, yo la pretendida de todos, yo la buscada, la deseada, la requerida, yo soy la Ventura.