[Manfredo se va.]
EL ABAD.
Este hombre hubiera podido ser una criatura admirable; y tal como es, presenta un caos que sorprende. Una mezcla de luz y de tinieblas, de grandeza y de polvo, de pasiones y de pensamientos generosos, que en su confusion y en sus desordenes, quedan en la inaccion o amenazan el destruirlo todo. La energia de su corazon era digna de animar elementos mejor combinados: va a perecer y quisiera salvarle. Hagamos una segunda tentativa; un alma como la suya merece muy bien el ganarla para el cielo. Mi deber me ordena el atreverme a todo para conseguir el bien; lo seguire, pero sera con prudencia.
[El Abad se va.]
ESCENA II.
[Otra habitacion.]
MANFREDO Y HERMAN.
HERMAN.
Senor, vos me habeis ordenado el venir a encontraros al ponerse el sol; vedle que va a eclipsarse detras de la montana.