Esto no podria ser sin peligro; contentate con lo que sabes.

HERMAN.

iAh! Manuel, tu eres sabio y discreto como un viejo; pero tu podrias decirnos muchas cosas. ?Cuanto tiempo hace que habitas este castillo?

MANUEL.

He visto nacer al conde Manfredo; entonces ya servia a su padre, al que se parece muy poco.

HERMAN.

Lo mismo puede decirse de muchos hijos; ?pero en que se diferenciaba del suyo el conde Segismundo?

MANUEL.

No hablo de las facciones, pero si del corazon y del genero de vida. El conde Segismundo era arrogante, pero alegre y franco: gustaba de la guerra y de la mesa, y era poco aficionado a los libros y a la soledad, no ocupaba las noches en sombrios desvelos; las suyas estaban consagradas a los festines y a las diversiones. No se le veia ir errante por las montanas o por los bosques, como uen lobo silvestre, no huia de los hombres ni de sus placeres.

HERMAN.