En los parages en donde duerme el terremoto sobre una cama de fuego, en los parages en donde hierven los lagos de betun, en las concavidades subterraneas que reciben las raices de estas cordilleras cuyas cumbres ambiciosas se pierden en las nubes, he oido los acentos magicos, y subyugado por su poder, he dejado los lugares en que he nacido para ponerme cerca de ti. Ordena, yo obedecere.

QUINTO ESPIRITU.

Yo soy quien vuela sobre el aquilon y el que prepara las tormentas. La tempestad que he dejado detras de mi esta todavia ardiendo con los fuegos de los truenos y de los relampagos. Para llegar mas pronto en donde tu te hallas ha atravesado la tierra y los mares en un huracan. Un cefiro favorable hinchaba las velas de una flota que encontre, pero estara sepultada en las olas antes que aparezca la aurora.

SESTO ESPiRITU.

Mi morada es constantemente la oscuridad de la noche. ?Porque tus conjuros me fuerzan a ver la odiosa claridad?

SEPTIMO ESPIRITU.

El astro que preside a tu destino estaba dirigido por mi desde antes que la tierra fuese creada. Nunca habia girado un planeta mas hermoso al rededor del sol: su curso era libre y regular, ningun astro mas benefico existia en el espacio. La hora fatal llego: este astro se convirtio en una masa de fuego, en un cometa vago que amenazo al universo girando siempre por su propia fuerza, sin esfera y sin curso; horror brillante de las regiones etereas, monstruo disforme entre las constelaciones del cielo. En cuanto a ti, nacido bajo su influencia; tu, gusano a quien yo obedezco y que desprecio, cediendo a un poder que no te pertenece, y que no te ha sido prestado sino para someterte algun dia al mio, vengo por un momento a reunirme a los espiritus debiles que doblan aqui su rodilla; vengo a hablar a un ser tal como tu. ?Que me quieres pues, criatura de barro? ?que me quieres?

LOS SIETE ESPIRITUS.

La tierra, el Oceano, el aire, la noche, las montanas, los vientos y el astro de tu destino estan a tus ordenes. Hombre mortal, sus espiritus esperan tus deseos. ?Que quieres de nosotros, hijo de los hombres? ?que quieres?

MANFREDO.