Si prescindiendo de la parte rítmica de la poesía, y no contando para nada los progresos que ha hecho hacer á la civilizacion en el sentido de la filosofía y de la cosmogonía, pasamos igualmente por alto la influencia irresistible que ejerce sobre los móviles que impulsan al hombre al sacrificio generoso de la vida, y descendemos á considerar la poesía como instrumento de adelantos filológicos, vamos á ver que sin el auxilio de la poesía, los idiomas modernos serian los mas bárbaros del mundo!
Ya le he demostrado que la prosa fué hija de la poesía. Ahora voy á demostrarle que la prosa ha hecho progresos alumbrada por la antorcha de la poesía, que ha sido para ella la columna de fuego que la ha conducido hasta la tierra de promision.
Dejemos á un lado los idiomas de la antigüedad, y las lenguas teutónicas, y estudiemos tan solo los cuatro principales idiomas que fluyeron como cuatro raudales del seno del latin, en el momento en que de la descomposicion del mundo romano surgian los elementos de una nueva civilizacion.
El italiano era un dialecto vulgar cuando el Dante se sirvió de él para escribir su Divina Comedia, que á la par de la mas grandiosa epopeya de los tiempos modernos, es la fuente del idioma mas puro, y mas armonioso de la raza latina. El Petrarca ornamentó, dió elasticidad y clasificó en cierto modo la lengua dignificada por el Dante, cambiando hasta cierto punto su esencia, como lo dice Sismondi, y legando á su patria un idioma digno de rivalizar con los de Grecia y Roma. Los poétas que le han sucedido, dieron la última mano á la obra iniciada por los padres de la poesía italiana.
Queda establecido que el idioma italiano es hijo de la poesía, y esta creacion bastaría por sí sola para inmortalizar á su progenitor, y desmentir las imputaciones de esterilidad que se le hacen.
¿Cuál es el orígen del francés moderno? Por supuesto que la fuente original es el latin, que por espacio de cinco siglos estuvo depositando en el fondo de las poblaciones, los materiales de los nuevos idiomas que debian reemplazarlo, y que hasta hoy son conocidos con el nombre de lenguaje romance, y del cual dice Sismondi que «circunstancias accidentales, mas bien que diversidad de razas, han dado orígen á la diferencia que se nota entre el portugués, el español, el provenzal, el francés y el italiano, cuyo fondo comun es el latin.» Las Galias, despues de haber perdido su idioma indígena (el celta) el cual ha llegado hasta nuestros dias refugiado en la antigua Armórica, se hallaron—en el espacio que media entre el V y X siglo—divididos por los idiomas franko, theotesco ó tudesco y el latin, y en una multitud de gergas y dialectos, que al fin se reconcentran en dos grandes fracciones: el roman provenzal ó lengua de oc (si), y el roman-wallon ó lengua de Oil ó de Oui (si).
Estos dos idiomas se repartieron la Francia. Al Mediodia el provenzal, que pasó los Pirineos é invadió la Navarra, dando orígen al catalan; y al Norte el roman-wallon, que modificado por los Normandos, dió orígen al francés actual, y fué el mismo que Guillermo el Conquistador llevó á Inglaterra, y que bajo el reinado de Hugo Capeto se hizo la lengua nacional.
El provenzal, que en el siglo X produjo millares de poetas, dando á luz una literatura original que[Pg XL.] en nada se parece á la griega ni á la latina, fué por el espacio de tres siglos la lengua de la poesía y del canto en Europa, así como hoy lo es el italiano. Hoy es una lengua muerta y solo se conoce por los cantos de sus trovadores.
El roman-wallon, que tambien fué en su orígen un dialecto poético, aunque mas áspero y seco que el provenzal, produjo los troveros ó trouveres, que no deben de confundirse con los trovadores ó trouvadours, que son provenzales. Son los troveros los que primero compusieron los fabliaux, y los lais de amor.
A ellos tambien debe la Europa los romances caballerescos y las representaciones dramáticas; y gracias á la poesía, la lengua francesa, tan pobre como es, ha llegado á ser un idioma universal, el idioma de la prosa por excelencia, pasando de las manos de Corneille y de Racine á las de Pascal, que es el que tiene la gloria de haber fijado esta lengua, complementada por Voltaire, Montesquieu, Buffon y Rousseau.