Vdes., los hombres prácticos, sérios y positivos, tienen una manera muy singular de juzgar de la capacidad de los demas hombres, y la llamo singular, por no darle el nombre de absurda. Cuando un hombre sabe cuanto hay que saber en este mundo, ó al menos tanto cuanto puede aprender un hombre, y á mas la poesía, dicen Vds. ¡es un poeta! Y con esto queda condenado. De manera que para que un hombre sea completo, es necesario que ignore la poesía, es decir, que desconozca al hombre moral; que no tenga el sentimiento de lo bello; que carezca de las facultades perceptivas de la armonía; que no haya leido ni á Homero, ni á Horacio, ni á Schiller, ni á Shakespeare, ni á Lope de Vega, ni á Lamartine, ni á Dante; que no conozca la historia literaria de los pueblos antiguos ó modernos; que no le ande sobrando la imaginacion, y que sea incapaz de crear séres de la nada en el silencio de la inspiracion. Faltándole todos estos requisitos, es decir, siendo un ser incompleto, puede contar por seguro cualquiera que responda á tales condiciones negativas, que será proclamado como hombre positivo por el Areópago de los hombres sérios. Pero si sabe todo lo que ese hombre puede saber, mas la poesía, que supone otra multitud de conocimientos, puede contarse por seguro que será declarado sin apelacion, espíritu superficial. ¿Es sério este modo de juzgar?
¿Sabe Vd. lo que Napoleon decía del poeta Corneille? Pues bien, decía que á haber vivido en su tiempo le habria nombrado su primer minis[Pg XLVI.]tro. Napoleon, que fué un gran poeta á la manera de Alejandro, era digno de comprender cuánta ciencia política había en el creador de esos grandes caracteres de la antigüedad, en cuya boca ha puesto palabras que han inmortalizado á su autor, y que prueban que quien tan profundamente conocía á los hombres bien pudo atinar con el mejor modo de dirigirlos.
¿Tiene Vd. conocimiento que haya existido en alguna época un hombre mas sábio que Homero, si hemos de juzgarle por sus obras? Astrónomo, geógrafo, erudito, filósofo, político, habla de la guerra con la precision de Xenofonte, describe los detalles culinarios como Careme en nuestros dias, conoce perfectamente la mineralogía, y habla por la boca de Nestor y de Ulises con mas buen sentido que nuestros titulados hombres de Estado. Debido á esto hace treinta siglos que preside á los destinos de la poesía, y que domina en todas las bellas artes. ¿Qué le falta á los ojos de los hombres sérios para ser un hombre completo? No ser poeta, es decir, no haber escrito el libro mas sublime que haya producido el ingenio humano, y por el cual el mundo quemaría diez bibliotecas como la de Alejandría. ¿Esto es sério?
¿Qué dice Vd. de Shakespeare? ¿Quién ha penetrado mas hondamente que él en los arcanos del corazon humano? ¿Quién con mas sabiduría y mas profundidad que él ha sabido crear esos tipos inmortales, que personifican las pasiones de tal modo, que á no haber surgido de su mente, el hombre no se conocería á sí mismo? Shakespeare, puede decirse, que, no solo nada de lo que tenia relacion con el hombre le era indiferente,[Pg XLVII.] sino que sabia todo cuanto al hombre concernia. ¡Lástima que fuese poeta! dirá Vd., y que en vez de escribir dramas no haya empleado su fuerza de voluntad en buscar alguna aplicacion útil de las fuerzas físicas, en vez de estasiarse en un monólogo estéril y sublime! ¿Esto es sério?
Podría seguir bosquejando otra porcion de cuadros del mismo género, por medio de rápidos perfiles, pero la multiplicidad de ellos no probaria mas que los nombres de Homero, de Corneille y de Shakespeare, á quienes tendríamos que clasificar de hombres incompletos, si hubiésemos de juzgar con el criterio de los hombres positivos, que cuando les presentan un libro de poesía preguntan ¿y esto qué prueba? Esos tres génios prueban, por lo menos, el poder del hombre; y no es poco probar, pues sin ellos no sabríamos de lo que somos capaces. Las ciencias y las artes nos han revelado ó hecho presentir todo aquello que podemos percibir ó alcanzar por medio de los sentidos, menos los límites del entendimiento, que, como dice Leibnitz, es lo único que no entra por los sentidos. Lo primero está fuera del hombre, corresponde á una vida esterior que no es la suya. Lo segundo pertenece al hombre mismo, y, como lo dice Leroux, es la espresion de su propia vida, ó mas bien, su propia vida que se realiza, comunicándose á los demas, y esforzándose en eternizarse.
Preveo de antemano la objeccion.
Puede decírseme que por muy completo que sea un poeta, la preponderancia de la imaginacion produce en sus facultades un desequilibrio que lo hace poco apto para los negocios prácticos de la[Pg XLVIII.] vida. Esta es una vulgaridad desmentida por los hechos. Para poner de manifiesto lo contrario, bastará decir que si algun dia hubiese de escribirse el código del buen sentido práctico, es á los libros de los poetas adonde irian á beberse sus principios. El ser poeta no impidió á Solon ser el primer legislador de la antigüedad. El poeta Esopo representa la moral del sentido comun. Tito, no por hacer versos dejó de ser un gran político y un gran guerrero. Salomon, apesar de ser un gran poeta, es el tipo de la sabiduría gobernando. Ciceron, que era poeta, hablando en prosa, ha escrito hermosos versos que han llegado hasta nosotros. Augusto, el político mas sagaz de la antigüedad, hacia versos, y en versos lloró la muerte de Virgilio, para salvar de la destruccion á la Eneida. César y Bruto, la víctima y el matador, tambien hicieron versos, que depositaron en bibliotecas públicas. Poetas tan débiles como Ciceron, pero mas felices que él, pocas personas supieron que los hacían. Machiavelo, que, á haber vivido en este siglo se reiría de Talleyrand y de Metternich, era poeta. Cervantes, el buen sentido hablando, era poeta, y Sancho Panza, el sentido comun personificado, es una creacion eminentemente poética. Un político célebre, reconocido por uno de los primeros oradores del mundo, el Lord Chattam, empezó por hacer versos, como puede verse en Villemain. D. Alonso el Sabio, el hombre mas práctico de su tiempo, fué tambien poeta. Poeta fué tambien el marques de Villena, eminente hombre de Estado de su época. El Dante bebió todas sus inspiraciones del conocimiento práctico que tenia[Pg XLIX.] de la vida y de los negocios públicos de su pais. L'Hopital, «representante de la conciencia humana,» como le llamó Sainte Beuve, hacia versos. Halley, el mas grande astrónomo de la Gran Bretaña, amó y cultivó la poesía, y en hermosos versos que brillan como astros al frente de los Principios de Newton, celebró las sublimes ideas de su predecesor, hermanando el cálculo con la inspiracion. Grocio, el severo publicista, es contado entre los poetas de su nacion, y legó á Milton el gérmen de su inmortal poema. Milton, que ha escrito panfletos políticos, fué un hábil Ministro de Relaciones Exteriores, antes de ser el autor del Paraiso perdido. El célebre Bolinbroke fué poeta, y de poetas se rodeó y aconsejó en la época en que la Inglaterra pesaba con todo su poder en la balanza de los destinos del mundo.
Montesquieu, que tenia todas las calidades brillantes de poeta, y que se estasiaba en leer á Ovidio, Montesquieu, el que encontró las tablas perdidas de los derechos del hombre, tambien ha escrito poesías. Beaumarchais, el autor del Barbero de Sevilla, fué un hábil negociante y un diplomático sagaz. Pocos hombres han poseido en tan alto grado la ciencia del mundo y el conocimiento del corazon humano, como el poeta Molière, cuyas obras valen por doscientos tratados de moral. Voltaire, el representante del buen sentido de la humanidad, fué un poeta, y como tal será admirado en el futuro, cuando nadie lea sus obras en prosa. Federico II, á pesar de ser un mal versificador, rindió también culto á las musas, y sus composiciones poéticas, escritas en la víspera de sus grandes batallas, han sido reco[Pg L.]gidas por la historia y adoptadas por la literatura. Canning, el hábil Ministro que salvó la Inglaterra, fué un poeta. Beranger, otro representante del buen sentido universal, es uno de los primeros poetas del siglo. Madama Stael, una de las cabezas mas fuertes de nuestros dias, era una cabeza eminentemente poética. Rossi, el profundo economista, el político sesudo, uno de los primeros jurisconsultos del siglo, empezó su carrera literaria traduciendo en verso italiano los poemas de Byron, por lo que ha merecido los elogios del severo historiador Mignet. El mismo Lamartine, á quien por su calidad de poeta se le han negado las facultades del hombre político, tuvo (con todas sus deficiencias) la idea de la República cuando todos vacilaban; pacificó la Europa con un manifiesto, y en tres meses de gobierno hizo mas y se mostró mas hábil que el hábil Luis Felipe auxiliado por Thiers y por Guizot, en el espacio de diez y ocho años. Entre nosotros, Florencio Varela, el hombre de tacto político, el hombre de recto juicio y de tino práctico, era tambien poeta. De manera, que si los poetas pueden revindicar para sí la ciencia práctica y el buen sentido que por la vulgaridad se les niega, los hombres positivos que se enorgullecen de su ignorancia poética, deben convenir, en vista de estos ejemplos, que son incompetentes para juzgar aquello de que no entienden, ó no son capaces de sentir.
Alejandro, Tácito, Sócrates, Platon, Herodoto, Napoleon, Tito-Livio, Colon, Bolívar, han sido poetas á su manera, y si no escribieron poemas, fué porque dieron otra direccion á las fuerzas[Pg LI.] poéticas de que podian disponer. El primero, las aplicó á las grandes conquistas civilizadoras; el segundo, á las pinturas dramáticas que lo han inmortalizado. Sócrates y Platon presintieron, por intuicion poética, las sublimes verdades del progreso moral. Herodoto es el verdadero rival de Homero, y Tito-Livio eclipsa muchas veces á Virgilio. Para comprender la idea poética que hizo á Colon descubrir el Nuevo Mundo, es necesario leer su Diario de Viaje, publicado por Navarrete, en el cual se ve al visionario, al espíritu entusiasta, mirando con los ojos del alma la tierra prometida de que se reian los espíritus positivos. Además, es bien sabido que Colon hizo realmente versos, habiéndose salvado algunos de los que le inspiró la musa cristiana en su Libro de las Profecías. Bolívar, que carecía del genio metódico de la guerra y de las calidades sólidas del político, derramó toda la poesía que rebosaba en su alma en bríndis, proclamas, discursos, boletines y acciones grandiosas dignas de la epopeya; procurando en esto marchar tras la huella de Napoleon, poeta en accion, cuyo genio militar se dilataba en presencia de las Pirámides ó evocando los recuerdos de la antigua Roma: y que se dormia bajo su tienda militar leyendo á Corneille ó á Ossian, como Alejandro leyendo á Homero, y derramando lágrimas de dolor á la idea de que no tendría un poeta semejante que cantase sus hazañas.
¿Sabe Vd. cuál es el reproche que los ingleses hacen á Roberto Peel, el primer hombre de Estado de nuestros dias? Pues bien, le reprochan no haber sido poeta. No se sonría: lea la biografía de Peel, escrita por D'Israeli, el gefe del partido[Pg LII.] tory, y se convencerá de que hablo formalmente. Todos convienen en que este reproche es merecido. Roberto Peel era un gran organizador, pero carecía de esa facultad poética que se llama creadora, sea que ella se aplique á la composicion de un poema, ó á los negocios de la administracion ó de la política. Nada de lo que Peel ha hecho ha sido creado por él, y aun la misma reforma comercial que ha ilustrado su nombre, á la cual se opuso largo tiempo, fué, como se sabe, idea original de Cobden, caudillo audaz de la Liga de Manchester. Sus reformas sobre la Irlanda le fueron sugeridas por O'Connel, el gran poeta de los meetings al aire libre, á cuya palabra poética debe su redencion un pueblo que lo aclama su libertador. Si Peel hubiese poseido la potencia creadora, es decir, si hubiese podido merecer el nombre de poeta que se le niega, habria sido el mas eminente hombre práctico de nuestros dias, habria equilibrado la gloria de Napoleon y completado el binomio de los grandes hombres en el siglo XIX, y hoy se diria: Napoleon + Peel. No se dice por qué faltó al segundo término la potestad creadora, que es el patrimonio de los génios poéticos, sea que hagan ó no versos. Así, pues, en los negocios prácticos de la vida las calidades poéticas, lejos de ser un inconveniente, constituyen una ventaja real y positiva, siempre que la imaginacion no predomine de tal modo, que sofoque todas las demas facultades del entendimiento.