IV
EN UN ÁLBUM
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Que á cada hoja del álbum de tu vida
Que desdoble la mano del destino,
Al seguir los inviernos su camino
Las primaveras queden en tu sien;
Y así, que en cada año que transcurra
Añadas una flor á tu guirnalda,
Y que cruzando prados de esmeralda
Llegues hasta las puertas del Eden.
V
AL PRIMOGÉNITO DE UN AMIGO
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Hoy que el placer corona tu cabeza,
Quiero estrechar tu mano con terneza
Y darte el parabien:
Porque en los dias de contento ó duda
La mano del amigo nos ayuda
A soportar nuestro placer tambien.
Hoy un hijo ha nacido en tu familia,
Como tras larga noche de vigilia
Se vé brillar el sol;
Y su sonrisa pura cual la aurora
Todo el hogar doméstico colora
Tiñendo los semblantes de arrebol.
Bendigo á Dios, que desde el alto cielo
Al ver tu corazon envuelto en duelo,
Un niño hizo nacer,
Para que despertando á la alegría
Sacase de mi lira una armonía
Con sus dedos de leche y rosicler.
Bendice á Dios tambien, triste en el mundo
Has sido presa del dolor profundo
Que roe el corazon,
Hasta que un ángel que bajó del cielo
Te dió en su labio plácido consuelo,
Y te abrigó en sus alas con uncion.
De su frente nacieron tres estrellas,
Como ella puras, cual su rostro bellas,
Que volaron á Dios
En alas de la brisa rumorosa,
Que repitió la queja dolorosa
Que brotó el alma rota de los dos.
Hoy en vez de una estrella fugitiva
Ves brillar una flor nitida y viva
De perfume inmortal,
Que no ha de marchitar el cierzo helado
Si del materno seno enamorado
Tiendes sobre ella el cándido cendal.
No conozco aun á tu hijo, mas soy padre,
Y al través de los ojos de su madre
Le miré con amor,
Como al través de un rayo luminoso
Desprendido de un cielo magestuoso
Suele verse á lo lejos una flor.
Mas conociendo tu alma generosa
Y el corazon sencillo de tu esposa,
Tu hijo conozco ya,
Porque la flor lozana y perfumada
Por la mano divina destilada
Siempre una esencia embriagadora dá.
Conociendo la flor, siento su esencia,
Que apesar, caro amigo, de la ausencia,
La brisa trae á mí,
La brisa del recuerdo y del cariño
Enviada por el hálito de un niño,
Que hoy me refresca y que te baña á tí.
Que nunca á tu vivir falte ese aliento,
Que siempre de tu esposa el blando acento
Mitigue tu dolor;
Que nunca falten flores á tu almohada,
Ni miel en tu colmena perfumada,
Ni en el hogar el hijo de tu amor.