—El del Barandal del cielo—dijo Asunción, respirando con alegría.
—El de los Santos pechos—dijo Presentación.
—Vamos, no se haga usted de rogar.
—Pues voy a echarles una canción que me enseñaron los franceses.
—No, nada de franceses.
—Si es muy bonita, aunque a decir verdad, yo no la entiendo.
Y sin esperar más, púsose en pie D. Diego, y accionando como un cómico, con voz fuerte y exaltado acento, cantó así:
Allons, enfants de la patrie,
le jour de gloire est arrivé!
Contre nous de la tyrannie
l'étandart sanglant est levé!
Asunción y Presentación reían como locas y D.ª María no dijo nada. Ninguno de la familia había entendido una palabra.
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