—Yo tengo una curiosidad por oír lo que digan...

—Y yo.

—Será un disputar graciosísimo—dijo Amaranta—porque cada cual pedirá esto y lo otro y lo de más allá.

—Conque salga uno diciendo: «Yo quiero tal cosa», y otro responda: «Pues no me da la gana», se animará esta desabrida reunión.

—¡Cuándo las habrán visto más gordas! Será gracioso oír a los clérigos gritar: «Fuera los filósofos», y a los seglares: «Fuera los curas». Veo con sorpresa que el presidente no tiene látigo.

—Es que guardarán las formas, amiga mía.

—¿En dónde han aprendido ellos a guardar formas?

—Silencio, que va a hablar un diputado.

—¿Qué dirá? Nadie lo entiende.

—Se vuelve a sentar.