Yo no contestaba a ninguna de las atropelladas e inconexas razones de Juan de Dios, pues más que la verbosidad de aquel desgraciado, ocupaba mi mente la idea de los peligros qué corrían Inés y su tío en mi casa. Nuestra marcha era sumamente fatigosa: algunas veces, después de recorrer toda una calle, teníamos que volver atrás huyendo de los mamelucos; otras veces nos detenía algún grupo, compuesto en su mayor parte de mujeres y ancianos, que con lamentos y gritos rodeaban un cadáver, víctima reciente de los invasores; más adelante veíamos desfilar precipitadamente pelotones de granaderos que hacían retroceder a todo el mundo; luego el espectáculo de una lucha parcial, tan encarnizada como las anteriores, era lo que de improviso nos estorbaba el paso.
En la calle de Fuencarral el gentío era grande, y todos corrían hacia arriba, como en dirección al Parque. Oíanse fuertes descargas, que aterraron a mi acompañante, y cuando embocamos a la calle de la Palma por la casa de Aranda, los gritos de los héroes llegaban hasta nuestros oídos.
Era entre doce y una. Dando un gran rodeo pudimos al fin entrar en la calle de San José, y desde lejos distinguí las altas ventanas de mi casa entre el denso humo de la pólvora.
—No podemos subir —dije al mancebo—, a menos que no nos metamos en medio del fuego.
—¡En medio del fuego! ¡Qué horror! No: no expongamos la vida. Veo que también disparan desde los balcones. Escondámonos, Gabriel.
—No, avancemos. Parece que cesa el fuego.
—Tienes razón. Ya suenan pocos tiros, y me parece que oigo decir: «¡Victoria, victoria!»
—Sí, y el paisanaje se despliega, y vienen algunos hacia acá. ¡Ah! ¿No son franceses aquellos que corren hacia la calle de la Palma? Sí: ¿no ve usted los sombreros de piel?
—Vamos allá. ¡Qué algazara! Parece que están contentos. Mira cómo agitan las gorras aquellos que están en el balcón.
—Inés; allí está Inés, en el balcón de arriba, arriba... Allí está: mira hacia el Parque, parece que tiene miedo y se retira. También sale a curiosear D. Celestino. Corramos, y ahora nos será fácil entrar en la casa.