Mucho, mucho... Vicenta, con su talento admirable, nos indica el mejor camino. Pues bien: yo tengo una idea, que quiero someter al buen criterio de usted...

EL ALCALDE, presuroso, hacia la Condesa.

Lucrecia, ahí tiene usted una visita. El Prior y dos Padres Jerónimos del convento de Zaratán vienen a ofrecer a usted sus respetos.

LUCRECIA

¡Ah!... Zaratán... Ya me acuerdo. Dí una cantidad para la restauración... y Rafael consiguió del Gobierno un dineral para que estos benditos pudieran instalarse.

LA ALCALDESA

¿Están en la sala? Vamos un momento. No tema usted que la fastidien. Son finísimos.

EL CURA

Vamos allá... ¡Qué oportunidad, qué feliz coincidencia!

(Entran en la casa Lucrecia, el Cura, el Alcalde y su señora.)