ESCENA V
Sala baja en la Pardina.
LUCRECIA, sentada, melancólica, mirando al suelo; EL CONDE, que entra por el foro.
EL CONDE
Señora Condesa... (Se inclina respetuosamente. Saluda ella con fría reverencia.) Agradezco a usted que haya tenido la bondad de concederme esta entrevista, aunque para merecer yo favor tan grande haya tenido que venir a Jerusa. (Toma una silla, y se sienta cerca de ella.)
LUCRECIA
Es obligación sagrada para mí acceder a su ruego... aquí o en cualquier parte. Obligación digo: durante algún tiempo me ha llamado usted su hija.
EL CONDE
Pero ya no... Esos tiempos pasaron. Fue usted, como si dijéramos, una hija eventual... transitoria, una hija de paso...
LUCRECIA, esforzándose en sonreír para engañar su miedo.