Al comenzar la escena llevaba ya el maestro una hora de inútiles tentativas para introducir en las molleras de sus alumnas los conocimientos históricos, aritméticos y gramaticales.
DOLLY, dando un golpe en la mesa.
¿Que no sé una palabra? Mejor... Ni falta que me hace.
D. PÍO, apelando a la emulación.
No dirá lo mismo Nell, que desea aprender.
NELL
Sí, señor, digo lo mismo: ni falta que me hace.
D. PÍO, con severidad fingida, que no convence.
Está bien, muy bien. He aquí dos niñas finas, criadas para la alta sociedad, y que se empeñan en ser unas palurdas.
DOLLY