Ya no dibuja. Le gusta más cocinar.
EL CURA
¿De veras?... ¡Oh, serafín de los cielos!
VENANCIO
A lo mejor se nos mete en la cocina, se pone su delantal de arpillera, y allí la tiene usted entre cacerolas, tiznada, hecha una visión...
EL CURA
¡Divino!
VENANCIO
¡Miren que una señorita de la aristocracia, con las manos ásperas y llenas de pringue!
EL CURA