Porque... aquí que nadie nos oye, señores... la Condesa...
EL CURA, limpiando sus gafas.
Todo lo que digas es poco.
VENANCIO
No siga usted, D. Salvador... La señora...
GREGORIA
Callamos por respeto; pero ello es que la tal Doña Lucrecia...
EL CURA, sonriente.
Chitón...
VENANCIO