¡Y qué pulgas, Senén!
SENÉN, fijándose en la venda de Venancio.
Ya, ya llegó a Verola la noticia de tu descalabradura. Una caricia de la fiera.
VENANCIO, renegando.
¡Que uno aguante esto!
SENÉN
Es un viejo de cuidado. A los setenta años conserva los músculos de acero de sus buenos tiempos, y la voluntad de bronce. No hay quien le amanse. Te digo que más quiero verme ante un tigre hambriento que ante el Conde de Albrit irritado.
VENANCIO, dando patadas.
Pues yo le juro que de mí no se ríe. Un hombre libre, que vive de su trabajo y paga contribución, no está en el caso de sufrir esas arrogancias de figurón de comedia.
SENÉN