Y con las ganas, la decidida voluntad de enriquecerte. Eres joven; tienes estómago de buitre, epidermis de cocodrilo, tentáculos de pulpo: llegarás, llegarás... ¿Y tú, Venancio?... ¿Cómo va esa herida? Vamos, hombre, no es para tanto. Poco mal y bien quejado. Ya estarás bien.

VENANCIO

Todavía, todavía... El señor tiene un genio imposible.

EL CONDE

Sí, sí... Y tú crees que la miseria debe ser mordaza y grillete para este genio maldito que me ha dado Dios. No sé, no sé: gran domadora es la pobreza; pero soy yo muy bravo. Me propongo contenerme dentro de la humildad y sumisión; pero llega un momento de prueba... un insensato que con frase agresiva me ofende, echándome al rostro mi humillante miseria, y entonces... ¡ay! no soy dueño de mí, pierdo la cabeza...

GREGORIA, poniendo en la mesa el servicio de café, que se compone de piezas de latón y loza ordinaria.

Aquí tiene, señor.

EL CONDE, sentándose.

Pero no tardo en recobrar mi serenidad de persona bien nacida y bien educada; vuelvo a sentir la hidalga benevolencia con que he tratado siempre a los inferiores, y... ya tienes al león aplacado, y pesaroso de su fiereza...

VENANCIO