Nosotros también. En los tiempos que corren, no hay más riquezas que la virtud y el trabajo, y más vale así.
EL CONDE, parándose con intento de admirar las hermosas campiñas que a un lado y otro de la chopera se ven.
Admirable cultivo. Esta santidad agricultora es un encanto... y un gran progreso, el único progreso verdad.
EL PRIOR
Trabajamos porque Dios lo manda. Dios quiere que no cultivemos solo el cielo, sino la tierra; la tierra, que es el complemento de la fe.
EL CONDE
Y, como la fe, la tierra no engaña. Ella nos alimenta vivos; muertos nos acoge...
(Entran en el convento, y pasan a una sala cuadrilonga, en cuyas paredes se ven rastros de un fresco decorativo, que borroso asoma por entre los remiendos de yeso. La sillería es moderna y ordinaria, porque los monjes no tienen para más. El Prior hace al Conde la presentación de los Padres más ancianos, o más significados por sus talentos. El uno es notable por su facultad oratoria; el otro despunta en la agronomía; aquel es teólogo insigne; estotro, arquitecto. No falta el organista ni el veterinario, que al propio tiempo es algo canonista, y muy buen castrador de colmenas. Terminadas las presentaciones, el Prior quiere obsequiar al Conde y acompañamiento con un Málaga superior, que le han enviado de su tierra para celebrar. Acéptalo el Conde con galantería, y D. Carmelo con júbilo. Sirve un lego, y catan todos del finísimo licor.)
EL ALCALDE, repantigado en un sillón.
¡Compadres, vaya una vida que se dan ustedes!