¡Abuelito de mi alma... aquí, tan solito, y nosotras de fiesta!

EL CONDE, besándola.

Alma mía, paréceme que hace un siglo que no te veo.

D. PÍO, sofocadísimo.

En cuanto le dije que usía la llamaba, le faltó tiempo para echar a correr.

EL CONDE

¡Hija querida!

D. PÍO

Ni siquiera se despidió de Doña Vicenta. Me ha traído ¡ay! como si viniéramos a apagar un fuego.

EL CONDE