D. PÍO, viéndole subir.
Albrit, hijo mío, ¿qué horas son estas de venir? Ya me cansaba de esperarte... digo, de esperar a usía.
EL CONDE
¿Quién me llama? Eres tú, excelso Coronado, mi amigo del alma. Gran filósofo, dame la mano: no puedo ya con mis huesos, que pesan como barras de plomo.
D. PÍO, dándole el brazo.
Subamos un poco más, y nos sentaremos en la grada de las tres cruces. ¿Qué tal? Yo vengo decidido... Como tenía mucha hambre, me he traído estos pedazos de pan.
EL CONDE
Dame un poco. También yo estoy desfallecido, hijo. Es cosa poco higiénica matarse con hambre.
D. PÍO
Claro, tomando algún alimento, podemos aguardar hasta la madrugada, hora la más propicia...