Yo digo lo que tú: el pobre D. Rodrigo viene a que le demos de comer.

VENANCIO

Así lo pensé cuando supe su viaje.

GREGORIA

Es cosa averiguada que no ha traído de América el polvo amarillo que fue a buscar.

VENANCIO

Ha traído el día y la noche. Cuando embarcó para allá, había desperdigado toda su fortuna... Esperaba recoger otra, que le ofreció el Gobierno del Perú por las minas de oro que allá tuvo su abuelo, el que fue Virrey... Pero no le dieron más que sofoquinas, y ha vuelto pobre como las ratas, enfermo y casi ciego, sin más cargamento que el de los años, que ya pasan de los setenta... Luego, se le muere el hijo, en quien adoraba...

GREGORIA

¡Infeliz señor!... Venancio, tenemos que ampararle.

VENANCIO