VENANCIO

Sin duda.

EL CONDE

No haces nada de más en ampararme... en ver en mí a tu señor, y en respetar, no solo mi nombre y mi historia, sino mi ancianidad, mis achaques... Las desgracias, hijo mío, me han hecho algo quejumbroso, algo impertinente. Mi genio altivo se exacerba cada día más con la pérdida de la vista... No puedo sofocar mis ímpetus de absolutismo, de persona acostumbrada a mandar.

VENANCIO

Bien, señor.

EL CONDE

Y a ser obedecida.

VENANCIO

También tengo el hábito de la obediencia... Y ante todo, señor, ¿en qué aposento quiere vuecencia dormir?