EL CONDE

No.

EL CURA

Son angelicales... ¡Y qué lindas, qué graciosas! Se le meten a uno en el corazón... Verlas, tratarlas y no quererlas, es imposible. (El Conde, ensimismado, calla. Durante la pausa, D. Carmelo le observa.) Dios ha hecho en ellas una parejita encantadora, para regocijo y orgullo de su madre... y de usted.

EL CONDE, como volviendo en sí.

¿Decías?... ¡Ah! Sí, son hechiceras las chiquillas.

EL CURA, queriendo sonsacarle el motivo de su estancia en Jerusa.

Comprendo la impaciencia de usted por verlas. Al santo anhelo de conocer a sus nietas y abrazarlas, debemos el honor de tenerle en Jerusa...

EL CONDE

Yo he venido a Jerusa, principalmente, por... (A Venancio, con autoridad, pero sin altanería.) Tú...