Reuníanse los tres en el cuarto de Arias, que se estaba acostando, y hablaban de Zalamero:
—Vaya con el moderadito. Un hombre que defiende á los Paúles...
—El año pasado había aquí un huésped... ¿Le alcanzaste tú, Guevara? Aquel Romero, andaluz. Daba de palos á Virginia y á Alberique... ¡qué escenas!... ¡Felipe!
—Señor.
—¿Ha entrado Alberique?
—Ahora llega. Voy á abrirle la puerta.
Oíanse pasos de elefante.
—Hola, amigo Alberique... ¿no sabe usted lo que hemos tenido aquí?
—¿Qué... ¡verbo! qué?
—Fuego. Por poco nos quemamos todos.