—La pobre sigue en poder de aquel bárbaro, que la atormenta y la tiene pereciendo.

—Hay que traer azúcar,—dijo Felipe, atento al cuidado del enfermo.

—Es verdad.

—¿Cuartos...?

—Busca por ahí. ¿No habrá en mis bolsillos?

Felipe, sabedor de que en la mesa de noche tenía su amo un gran paquete de duros y pesetas, fué á buscar allí lo que necesitaba; pero Alejandro le detuvo con estas palabras:

—No, si ya no hay nada. Busca en los bolsillos del pantalón.

El Doctor, sin dejar de pensar en la vuelta que había tomado la plata depositada en la mesa de noche, empezó á buscar en todos los huecos de la ropa.

—No hay ni un sacramento.

—Pídelo á doña Pepa. Tráete también caramelos... Oye, y cigarros. Por más que diga Cienfuegos, no puedo dejar de fumar.