—¿Qué amigo?

—El de la capa, ese infeliz... Le hemos dado de comer, y nos ha contado su historia... ¡Cómo se han reído las chicas!... ¡Á Perico le ha caído tan en gracia...! Le hemos hecho mil preguntas. Dice que ha venido de su pueblo á patita para meterse de médico. ¡No, no reirse, señores! Hay casos, hay casos. Yo soy viejo, y he conocido á don Lorenzo Arrazola empollando las lecciones de noche, á la luz de los portales de las casas... Éste apenas sabe leer; pero tiene una viveza... Dice que estaba en unas minas, que es de la familia de las piedras, y que á él se le ha puesto en la cabeza curar. Todo su empeño es que le tomen de criado, y que le dejen aprender. Á mi primo le ha entrado por el ojo derecho... Entre paréntesis, creo que conocen ustedes á don Pedro Polo y Cortés, capellán de las monjas de San Fernando. Pero no sabrán que tiene una escuela muy bien montada en el hermoso local que le han cedido las señoras á espaldas del convento.

—Le conozco—dijo Miquis con malicia.—Es un cura muy guapetón. Le he visto muchas noches por esas calles embozado en su capa...

—Alto allá, niño. No haga usted suposiciones injuriosas...

—Le he visto en el café...

—Alto...

—Pero, don Florencio, ¿esto es suponer mal? Esto significa que el padre Polo no es hipócrita.

—Como simpático—dijo Cienfuegos usando un giro popular,—lo es.

—Hombre que no gasta remilgos, pero que sabe como pocos su obligación de sacerdote... Yo lo puedo asegurar así á los señores que me escuchan—dijo con voz altisonante don Florencio, que admiraba mucho á Olózaga y tenía de cuando en cuando sus dejos y sonsonetes oratorios.—Es Pedro de la mejor pasta de hombres que conozco. Nada de hipocresías: no es él de esos que dicen una cosa y hacen otra. Lleva el corazón en la mano, y todo cuanto tiene es para los necesitados. Hay quien le critica porque gusta de vestir bien de paisano. ¿Y qué, señores? Para ser bueno, ¿es preciso andar cubierto de andrajos? Muchos conozco, señores, que andan por ahí como anacoretas, y luego en el hogar doméstico... Me callo.

—He oído que el padre Polo es furibundo gastrónomo.