—Hay que ver lo que tiene. No seamos bárbaros... Si yo fuera médico... Porque se dan casos de muerte por hambre. ¿Qué se te ocurre, qué dices? Hombre, receta.

—Al momento. Pero para este mal, la botica es la panadería.

El héroe, sin abrir los ojos, empezó á temblar. ¡Pero qué temblor de agonía!

—Si lo que tiene es frío...

—Puede ser. En tal caso no hay mejor boticario que un sastre.

Miquis se quitó al punto la capa. El otro, que le conocía bien, echóse á reir.

—Bonita te la pondrá... Deja, hombre, deja. Ahora me acuerdo: tengo un gabán, que no me sirve, con más ventanas que la catedral de Toledo... Mequetrefe, despierta, abre los ojos, responde: ¿te pondrías tú mi gabán?

Ni respuesta ni señales de haber oído dió el infeliz, que sólo parecía tener vida para sus violentos temblores. Miquis le echó encima su capa, y procuraba envolverle en ella, cosa no fácil estando el otro tendido en tierra. Fué preciso liarle dándole sucesivas vueltas sobre sí mismo. Cienfuegos se moría de risa viendo á su compañero en aquella faena, no menos humanitaria que cómica. En aquel punto y ocasión pasó un señor, hombre respetable por su edad y figura, alto, afable, y que en todo se revelaba como persona de esa clase intermedia en que suavemente se verifica la transición del estado humilde al acomodado. Iba decentemente vestido. Según se mirase á ésta ó á la otra parte de su empaque, debía de variar la calificación que de él se hiciera, pues por el gabán correcto y cepillado parecía más, por la gorra de paño menos de lo que realmente era. Por su corbata de seda negra, traspasada con alfiler de cabecita de oro y menudas perlas, figuraba más; menos por el cesto de provisiones que colgado del brazo llevaba. Los que no le conociesen como conserje del Observatorio, creeríanle algo á manera de caballero sirviente. Paróse á ver la curiosa escena y á dar un palmetazo en el hombro de Cienfuegos, el cual se volvió y dijo con énfasis el nombre de aquel sujeto, cortándolo con la cadencia y número de un endecasílabo:

—Don Floren...cio Mora...les y Temprado.

—Se saluda á la pareja... ¿Vienen ustedes á tomar café con el señor de Ruiz? Estará haciendo la observación de las doce... Pasen ustedes... ¿Y qué es esto? Ya: un borrachillo. ¡Se ven por aquí unos puntos!... El señor director trabaja para que el ministro nos mande cerrar estos terrenos, á ver si nos vemos libres de la gentuza que viene aquí á tomar el sol... ó á tomar la luna, que de todo hay... ¡Oh! Miquis, le ha puesto usted su capa. ¡Vaya con usted!