Evarista. En su testamento, Leonardo instituye a Electra heredera de la mitad de su fortuna...

Dorotea. ¡Ah!

Evarista. Pero con la expresa condición de que la niña ha de abandonar la vida religiosa. ¿Sabe usted si está enterado de estas cosas Don Salvador?

Dorotea. Supongo que sí, porque él todo lo sabe, y lo que no sabe lo adivina.

Evarista. Así es.

Dorotea (viendo llegar a Don Urbano). El señor Don Urbano.

ESCENA II

Las mismas; Don Urbano.

Evarista. ¿Le has visto?

Don Urbano. Sí. Allí le dejo trabajando en el despacho, con un tino, con una fijeza de atención que pasman. ¡Qué cabeza!