«¡La razón! Buena tía indecente está» observó D. Manuel dentro de su pensamiento.

—Y sacudir las malas ideas y atemperar el espíritu; no desear lo que no se puede tener, y hacer vida ramplona, sin empeñarse en que todas las cosas se desquicien para acomodarse a su gusto y satisfacción. ¿Qué es el esplín más que soberbia? Sí, lo que usted tiene es soberbia, el usted satánico. Estos inglesotes se figuran que el mundo se ha hecho para ellos... No, señor mío, hay que ponerse en fila y ser como los demás... ¿Conque se cuidará usted, hará lo que le manda su primo y lo que le mande yo?... porque yo también soy médica... Otra cosa; aquí en España está usted siempre renegando y echando pestes. Esto no le gusta, ¿pues para qué vive aquí? ¿Por qué no se va a Inglaterra?

—Ya me quiere echar... ¿ve usted...?—dijo Moreno mirando a Barbarita y esforzándose en sonreír para ocultar su turbación—. Y luego quieren que no viaje.

—No, no le conviene andar siempre de ceca en meca, como un viajante de comercio que va enseñando muestras. Márchese a su Londres, estese allí quietecito, muy quietecito, y si se le presenta una inglesa fresca y de buen genio, cásese, apechugue con ella, aunque sea protestante... ¡Ay, Dios!, que no me oiga Guillermina; sí, cásese, y verá cómo se le pasan todas las murrias, tendrá niños... Me comprometo a ser madrina del primero... digo, si es que le bautizan. Y hasta madre me comprometo a ser si me le dan... le tomo, aunque esté sin cristianar. Yo le bautizaré. Pero no hay que hablar de esto. Me contento con ser madrina del primer Morenito que nazca, y le diré a mi marido que me lleve a Londres para el bautizo...

Moreno se levantó. Se sentía muy mal, y las palabras de la Delfina le excitaban extraordinariamente.

«¿Pero se va usted...? ¿Se ha puesto malo? ¿Es que no le gustan mis sermones?».

«Si no me voy, la entrego—pensaba el misántropo, apretando los labios...—. Esta pícara me está asesinando».

—¿Te vas, Manolo?—le preguntó D. Baldomero desde el otro extremo de la habitación.

—¡Si me echan, padrino...! Su hijita de usted me quiere desterrar.

—¡Ay, qué pillo!... Si es todo lo contrario.