«Oye—le dijo en secreto Guillermina, deteniéndola, y ambas se miraban con picardía;—con veinte duros que le sonsaques hay bastante».


-iii-

«En Bolsa no se supo nada. Yo lo supe en el Bolsín a las diez—dijo Villalonga—. Fui al Casino a llevar la noticia. Cuando volví al Bolsín, se estaba haciendo el consolidado a 20.

—Lo hemos de ver a 10, señores —dijo el marqués de Casa-Muñoz en tono de Hamlet.

—¡El Banco a 175...! —exclamó D. Baldomero pasándose la mano por la cabeza, y arrojando hacia el suelo una mirada fúnebre.

—Perdone usted, amigo —rectificó Moreno Isla—. Está a 172, y si usted quiere comprarme las mías a 170, ahora mismo las largo. No quiero más papel de la querida patria. Mañana me vuelvo a Londres.

—Sí—dijo Aparisi poniendo semblante profético—; porque la que se va a armar ahora aquí, será de órdago.

—Señores, no seamos impresionables—indicó el marqués de Casa-Muñoz, que gustaba de dominar las situaciones con mirada alta—. Ese buen señor se ha cansado; no era para menos; ha dicho: «ahí queda eso». Yo en su caso habría hecho lo mismo. Tendremos algún trastorno; habrá su poco de República; pero ya saben ustedes que las naciones no mueren...

—El golpe viene de fuera —manifestó Aparisi—. Esto lo veía yo venir. Francia...