—¿No volverás a salir esta noche?... Mira que me asustaré mucho si sales.
—Pues no saldré... ¿Qué... qué buscas?
Jacinta, riendo, deslizaba su mano por el forro de la levita, buscando el bolsillo del pecho.
—¡Ay!, yo iba a ver si te sacaba la cartera sin que me sintieses...
—Vaya con la descuidera... —¡Quia!, si no sé... Esto quien lo hace bien es Guillermina, que le saca a Manolo Moreno las pesetas del bolsillo del chaleco sin que él lo sienta... A ver...
Jacinta, dueña ya de la cartera, la abrió.
—¿Te enfadarías si te quito este billete de veinte duros? ¿Te hace falta?
—No por cierto. Toma lo que quieras.
—Es para Guillermina. Mamá le dio dos, y le falta un pico para poder pagar mañana el trimestre del alquiler del asilo.
Contestole el Delfín apretándole con mucha efusión las dos manos y arrugando el billete que estaba en ellas.