—Viene á trabajar y á triunfar—repuso con desenfado el cura,—no pasará como la otra vez, cuando por nuestra negligencia y descuido se nos pusieron éstos encima.

Y luégo, amenazando á Barrabás con la derecha mano, añadió:

—Ahora se dirá: Exurgat Deus et dissipentur inimici ejus, et fugiant... Sicut fluit cera á facie ignis, sic periant pecatores á facie Dei. «Levántese Dios y sean dispersos sus enemigos, y huyan... Como se derrite la cera delante del fuego, así perezcan los pecadores delante de Dios.»

Repitiendo el gesto de amenaza, D. Bartolomé dijo riendo:

—Iremos á votar.

El demagogo no estaba en la lista de los convidados de aquel día; pero D. Angel le rogó que se quedase, lo que en extremo agradeció Barrabás. Al mismo tiempo D. Juan de Lantigua gritaba desde la puerta:

—Gloria, Gloria, hija mía; ¿pero no se come hoy en esta casa?