—Con verte á tí tengo bastante, mónstruo.
—Cierra la puerta del jardín. Puesto que los señores no vienen... ¡Qué horrible ventisca! Vaya, que Santiago se porta. Después de la tormenta, fuelle. Si parece que los demonios levantan en peso la casa y se la llevan por los aires... Díme, zopenco, ¿has visto subir á la señorita?
—Sí, señora, hace mucho rato.
—¡Qué has de ver tú, si dormías! ¿Estará en el comedor? No, todo á obscuras... Anda, cierra la puerta, enciende el farolillo y vamos á registrar la casa.
—¿A registrar?
—Sí; no estoy tranquila. Me pareció que ví... ¡San Antonio bendito!...
—Algún alma del otro mundo.
—Ea, cierra, sube y calla.
Callados subieron ambos después de cerrar.