—¿Y has heredado?
—Poca cosa; mas para mí es un capitalazo. Como está el dinero en un banco de Inglaterra, no lo he cobrado todavía. Dicen que vendrá la semana que viene, y para entonces, Sr. de Morton...
Caifás miró al suelo.
—¿Qué?
—Para entonces le devolveré á usted su dinero.
—¿Qué dinero?
—El que usted tuvo la bondad de darme cuando yo estaba en la Cortiguera.
—No te lo dí para que me lo devolvieras.
—Pero yo lo devuelvo porque tal es mi deber.
Estaba Caifás en pié y en actitud de sumisión, pálido, descubierta la cabeza. Acababa de dejar sobre la mesa las tres monedas recogidas del suelo poco antes.