—Si no te lo impidiese la ingratitud, ¿me aborrecerías, José?
—Con todo mi corazón—repuso vivamente el sepulturero.—Con toda mi alma. ¿Cómo podría querer al que ha hecho derramar tantas lágrimas á una noble familia que adoro, al que mató al padre y deshonró á la hija...?
Morton sintió que cada palabra era un lanzazo con que aquel hombre hería su corazón; pero al tocar tan delicado punto, sentíase débil y sin fuerzas para protestar.
—No juzgues de lo que no conoces—dijo sordamente.—Yo creí que siempre serías mi amigo, pero me he engañado. Al verte me alegré, porque esperaba adquirir por tí noticias de la persona que amo y sin la cual no puedo vivir.
—¿De la señorita Gloria...?
—¿Sabes algo de ella...? ¿La ves?—preguntó Morton con ansiedad.
—Sé mucho—dijo Caifás con misterio y hostil intención.—La veo con frecuencia, pero á usted, á usted no puedo darle ninguna noticia.
—¿No me cuentas lo que hace, si está buena, si está alegre, si sale...?
—Sólo diré que es muy desgraciada.