—Así, así.

—Me convienes, chica. Nada, nada, te digo que me convienes, y no hay más que hablar.

—Pues a mí no me convienes tú.

¡Boa constrictor!

—¿Qué es eso?

—Tú.

—Pero que, ¿es cosa de Medicina?

—Es una culebra.

—¿La veremos aquí?... Entremos. ¿Es esto la Casa de Fieras?

—¿Quieres ver al oso? Aquí me tienes.