—El artículo de Luis Veuillot contra la sociedad moderna, contra esta sociedad materializada y corrompida que, para abolir sus remordimientos, aspira á la abolición de Dios. ¿Necesita usted, Gustavo, los números de L’Univers?

—Puede usted llevárselos, con tal que me los devuelva mañana. Tengo que hacer un artículo sobre el mismo asunto.»

La Marquesa de Tellería pasó al salón.

«Está acordado que se lo cantaremos mañana,—dijo á la de San Salomó.

—Sí, mañana sin falta.»

Formóse otro grupo de mujeres, del cual salía un zumbido como el de un enjambre. «Mañana, mañana...»

Sintióse roce de sederías, bullicio de saludos, movimiento de sillas. La tertulia se disolvía. Salieron muchos en graciosas parejas, sonriendo unos, bromeando otros. Partieron los de Tellería, el General y el Diputado con ínfulas de láico arzobispo. Con éste habló un poco de política religiosa Gustavo sin dejar su expresión melancólica y sombría.

«Adiós, Pilar; nos veremos mañana en San Prudencio.

—Abur, Casilda; haré tu recomendación al Padre Paoletti.