—Sí; y digo mala por... qué sé yo por qué. Realmente, la noticia de una muerte, quienquiera que el difunto sea, es una noticia deplorable.»

Y el Marqués revolvió sus bolsillos llenos de papeles, sobres de cartas, tarjetas, todo cubierto de números trazados rápidamente con lápiz en el vagón, en el hotel, en el coche.

—Aquí está el parte... Es un acontecimiento terrible: el naufragio de un vapor americano entre Puerto Cabello y Savanilla... Los periódicos de aquí no han dicho nada todavía; pero mi corresponsal de la Habana... ¿Ves el telegrama?... vapor City of Tampico

León palideció al leer.

«De modo que Pepa...

—Pst... silencio... Puede oir, y no está preparada. Efectivamente, mi hija se ha quedado viuda.»

León Roch estaba perplejo.

«Aquí, en confianza de amigos—dijo Don Pedro acercando sus labios al oído del joven para hablarle secretamente,—aparte de lo lamentable de la catástrofe, es una suerte, para mi hija y para mí. Si Federico vuelve á Europa, acaba con ella y conmigo. Parece que Dios ha querido resolver de un modo trágico y brusco la situación comprometida en que mi querida hija se puso y me puso á mí casándose con ese perdido, jugador, falsario. Aquí tienes un capricho de la niña que á todos nos salió muy caro. Mira, León, hazme el favor de cerrar esa puerta para que podamos hablar con libertad: me carga el secreteo.»

León cerró la puerta.

«Usted—dijo éste,—es el más á propósito para darle la noticia.