León no pudo distinguir bien, por ser obscurísima la noche, las facciones de la hija de Fúcar; pero observaba la fisonomía de la voz, que suele ser de una diafanidad asombrosa.

La voz de Pepa gemía. Su cabeza, echada hacia atrás, se apoyaba en la madera de la ventana. Tenía en la mano una flor (á León le pareció una rosa) de palo largo. A cada instante se lo llevaba á la boca, y arrancando un pedacito, lo escupía. León vió todo esto, y comprendiendo la necesidad de decir algo apropiado al momento, buscó en su mente, rebuscó; pero no hallando nada, nada dijo. Ambos estuvieron callados un rato: León atento, inmóvil, con ambas manos fijas en el frío antepecho; ella arrancando y escupiendo palitos.

«Se cuentan de tí estos días no pocas rarezas, Pepa—indicó él, considerando que para llegar á decir algo de provecho era preciso empezar diciendo una tontería.—Dicen que rompiste las porcelanas, que cortaste en pedazos los encajes, no sé qué encajes...

—¡Qué tipo!...—exclamó Pepa, rompiendo á reir con un desentono que hizo temblar á León.—La pobre señora no sale de las sacristías... ¿No entiendes?... parece que eres idiota. Hablo de tu futura suegra, de la Marquesa de Tellería... Cuando estuve en la playa de Ugoibea tuve el gusto de verla. Me contaron las picardías que habló de mí. Lo de siempre... que soy muy malcriada, que derrocho; que tengo modales libres y hábitos chocantes... chocantes, justamente... ¡La pobre señora ha cambiado tanto desde que empezó á marchitarse su hermosura!... Ya se ve: no se puede llevar una vida mundana cuando se tiene un hijo santo... pues qué, ¿no te has enterado? ¿No sabes que Luis Gonzaga, el hermano gemelo de tu novia, el que está de colegial en el Sagrado Corazón de Puyóo, tiene fama de ser un ángel con sotana? Chico, vas á vivir en medio de la corte celestial. Hasta tu suegra usa cilicio. ¿No lo crees? Pues créelo, porque lo han dicho sus amantes.»

Al decir esto, Pepa escupió un palito de rosa con tanta fuerza, que fué á chocar en la frente de León.

«Pepa—indicó éste con enojo.—No me gusta que las personas que estimo hablen así de una familia respetable.

—Se puede hablar de mí y llamarme loca, voluntariosa... Yo no puedo hablar... es verdad. En mí todo es informalidad, desenfreno, desorden, ignorancia... Pasemos á otra cosa. León, sentí mucho no ver cara á cara á tu futura esposa María Egipciaca. Dicen que está muy guapa; siempre fué guapa. En Ugoibea sale poco; ella y su tontísima mamá se van solas á tomar los aires puros. Cuentan que están muy tronadas; pero tú eres rico, y el Marqués... ¡Oh! Dicen que es el único mentecato que no ha logrado hacerse un puesto en la política.

—Pepa, por Dios, no digas disparates. Me lastimas en lo más delicado con tu charla imprudente.»

Pepa seguía escupiendo palos. El tallo de la rosa estaba reducido á la cuarta parte.

«Sí: yo soy muy mal educada—dijo con amarga ironía.—Además, ahora han descubierto que tengo muy mal corazón, un corazón cruel, un carácter rebelde y caprichoso...