«Quema todo eso.
—Pues qué—preguntó la dama con estupor, abriendo las manos para tomar el paquete, pero sin atreverse á tomarlo,—¿no me sirve?
—No.
—¿Que no sirve?... ¿no podré...?
—Poder sí... pero...
—Entonces...
—En estas circunstancias terribles es preciso decirlo todo claramente. Uno á otro nos debemos la verdad, aunque ésta perjudique á un sér querido.
—No te entiendo.
—Quema eso, porque no te sirve de nada. Es un arma de doble filo que te herirá á tí misma cuando quieras usarla. Perdóname la franqueza de mis palabras. Con esto podrás acusar á Federico victoriosamente. Por poca justicia que haya en un país, esto basta á meter á un hombre en presidio... Pero si lo haces, el infame debería ir á su destino muy bien acompañado.