—Ultimamente se había animado algo el comercio de Madrid con el cambio político. Siempre que sube un partido que ha estado á ver venir mucho tiempo, con los dientes largos y medio palmo de lengua fuera, se animan las ventas. Muchas señoras se emperejilan entonces de nuevo; algunas echan la casa por la ventana. En estas épocas suele cobrarse algún crédito de tres ó cuatro años, que ya se tenía por muerto...

—Pero si los políticos estaban tan alicaídos como los aristócratas, en cambio, desde que se regularizó el presupuesto y el Tesoro dejó de trampear, se notaba una cierta tendencia al reposo, al orden general. Es una vulgaridad la creencia de que los políticos viven á costa del país y se regalan como príncipes. La mayoría de ellos están á la cuarta pregunta, unos porque gastan sin ton ni son, otros porque la Ley de Contabilidad les tiene metidos en un puño. Haylos también que son honrados á macha-martillo. Trujillo conocía á uno de gran importancia, que se veía perseguido por los acreedores poco después de haber estado en situación de hacerse poderoso. Verdad que todos no eran así. Algunos, arruinados con mujeres, y habiendo abandonado el bufete que les daba mucho dinero, tenían que buscar en la misma política socorros de momento, consiguiendo destinillos para Cuba y Filipinas para que el agraciado les mandase algo de sus ahorros.

Y por aquí seguían. Medina era implacable: no carecía de autoridad para dirigir aquella campaña satírica, porque su casa era el templo de la exactitud financiera, y en ella no se conocía la farsa. Torres, que en su afán de criticar no perdonaba ni á su mejor amigo, me decía una noche, solos él y yo:

—No crea usted, Cristóbal tiene motivos para saber cómo andan las cajas de la grandeza. Las mermas de aquellas casas son los crecimientos de ésta. Figúrese usted que Cristóbal tiene una pajita en la boca; el otro extremo cae en la contaduría de Pepito Trastamara. Cristóbal hace así... aliquis chupatur, y se va tragando todo.

Después sacó del bolsillo del faldón de su levita un folleto, y hojeándolo añadió:

—Esta es la Memoria del Banco, con la lista de los accionistas que tienen voto en el Consejo. Mire usted á Cristóbal Medina figurando aquí con 1.250 acciones, cuando en la lista del año pasado no tenía más que 650.

III

—¿Qué te enseñaba Torres? —me preguntó María Juana un momento después.

—La lista de accionistas del Banco, en la cual figuras con mil...

—Mil doscientas cincuenta, si no lo llevas á mal. Nosotros sólo gastamos la tercera parte de nuestra renta. Mírate en este espejo y compara.